El cavernícola que no podía tener un iPad

Imaginemos un mundo en el cual nunca hubiéramos tenido contacto con una iPad; de repente al caminar por la calle nos topamos con este “objeto mágico” y una nota que nos dice: “puedes leer libros en ella”.

Antes de prender la tableta lo más seguro es que podríamos imaginar cómo se verían las páginas del libro. También intuiríamos cómo pasar las hojas, cómo poner un marcador o hasta cómo subrayar texto.

Este resultado no sería por casualidad o gracias a un poder mágico, sino que sería la consecuencia de los modelos mentales que tenemos construidos bajo la experiencia de leer un libro impreso.

¿Pero qué diablos es un modelo mental y por qué debería de importarme?

El concepto no es nuevo: el primero de hablar de ello fue  K.J.W. Craik en 1943 en su libro The Nature of Explanation, pero con su muerte este concepto queda latente y no es hasta la década de 1980 cuando reaparece en escena.

En el libro Diseño Inteligente: 100 cosas sobre la gente que cada diseñador necesita saber, la psicóloga Susan Weinschenk define los modelos mentales como: “Las representaciones que construimos mentalmente de los objetos con los que interactuamos”, a diferencia de los modelos conceptuales, que son “los modelos reales que percibimos a través del diseño y la interfaz de los productos

Los modelos mentales que tienen las personas sobre una tarea en particular influyen en el uso que esos usuarios les vayan a dar a nuestras interfaces, y sobre todo a las experiencias que vayan a tener con ellas.

Imaginemos ahora la misma escena del iPad tirado con la nota y que quien lo encuentra es un cavernícola. A diferencia del caso anterior, lo más probable es que no sepa cómo usar el “objeto mágico” y acabe ignorándolo o destruyéndolo.

Esa reacción no sería culpa del cavernícola; para que pudiera usar la tableta necesitaría por lo menos dos modelos mentales previos: el del libro (objeto) y el de la lectura (acción); también, claro, el de la electricidad, pero dejemos esta de lado por un momento.

Con el fin de generar experiencias que no resulten frustrantes para los usuarios es necesario que el modelo conceptual de nuestros productos coincida con los modelos mentales de esos usuarios. No podemos mostrarles algo que huele a pollo, tiene cresta, alas y plumas y acabar diciéndoles que es un hipopótamo. ¿Será que estos modelos mentales limitan nuestra creatividad?

En realidad no: es posible desarrollar modelos conceptuales capaces de generar nuevos modelos mentales o modificar los ya existentes y para ello hay varios factores clave a considerar: la repetición, la formulación de mensajes claros y la formación del usuario, además del hecho de que los modelos mentales se interiorizan y acumulan. ¡No son mágicos!

Uno de mis recursos favoritos para la generación de nuevos modelos conceptuales es el uso de las figuras retóricas, en especial las metáforas

¿Cuáles otros recursos conocen?

Head of Art en Terán TBWA. Creadora de la Geekoteca y de inmensidad de #pensamientosrandom. Es parte del equipo de UX Nights.

Publicado por

Sandra Mendoza

Head of Art en Terán TBWA. Creadora de la Geekoteca y de inmensidad de #pensamientosrandom. Es parte del equipo de UX Nights.